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domingo, 9 de junio de 2013

Calle de Las Maldonadas y Calle Toledo. El Hospital de la La latina y La Colegia de San Isidro


Vista a La Plaza de La Cebada

Rivera de Curtidores. Ramón de MESONEROS ROMANOS

La espaciosa calle, continuación de aquella plazuela, y denominada Rivera de 
Curtidores, sería aún más importante para ciertos comercios incómodos, aunque 
indispensables, de consumo que la ocupan, y para la circulación de las carreterías que 
conducen las reses y sus despojos, las pieles, curtidos, etc., si a su mucha espaciosidad 
correspondiera su entrada por la calle de los Estudios de San Isidro; hoy, por fin, ya tiene 
salida directa al paseo de la Ronda desde el sitio llamado Campillo del Mundo Nuevo, 
circunstancia reclamada mucho tiempo había para la salubridad y facilitar salida a aquella 
importante, aunque humilde, barriada. Para completar esta mejora es de absoluta necesidad 
que se facilite igualmente por la parte alta, desapareciendo por completo la manzana , 
que la obstruyó, con lo cual se reformaría este barrio en términos convenientes, y se 
facilitaría también la comunicación entre las calles de la Arganzuela, Mira el Río, del 
Rastro, de los Cojos, del Peñón y otras, que bajan desde la de Toledo; y las de Pasión, de 
Rodas, de la Huerta del Bayo, de Mira el Sol y del Casino, que desembocan en la de 
Embajadores. 

Los expresivos nombres ya citados de todas estas calles, su mezquino caserío, su gran 
desnivel, el descuido e incuria de su pavimento y de su policía, revelan desde luego el 
más infeliz y abandonado distrito de la villa. Su pobre historia está consignada también en 
aquellos mismos nombres, en este propio destino, aspecto y condiciones, con que viene 
hasta hoy atravesando los siglos; pero no por esto deja de tener su importancia en la riqueza 
de la villa, por el gran número de fábricas de curtidos, de papel, velas, tahonas y otras; y, 
aunque lentamente, también va reformándose el antiguo caserío y desapareciendo las casas 
bajas y de reducidísimos espacios, para dar lugar a construcciones más importantes. No 
tiene tampoco ningún edificio público, ni más iglesia que la reducida casa y capilla 
provisional, adonde se retiraron los padres del convento de la Pasión, que fue derribado en 
tiempo de los franceses, y estaba situado entre la plazuela de San Millán y la calle de las 

Maldonadas.


Calle que nos lleva de la Plaza de Cascorro a La Plaza de la Cebada


En recuerdo de dos piadosas hermanas que vestían siempre sayal y es fama que aunque eran de hermoso rostro, le llevaban siempre cubierto.



Colegiata de San Isidro



Hospital de La latina



Contiguo al convento de las Monjas de la Concepción Jeronima.
En 1718 hubo de cerrar por la falta de recursos y por los efectos de la Guerra de Sucesión.
Hasta el año 1810 no volvió a abrir sus instalaciones.
El funcionamiento del mismo se produjo hasta 1899, año en el que se dejo de admitir a enfermos. 
Finalmente se derribó conjuntamente con el Convento, en el año 1904, para poder ensanchar la calle de Toledo.
La Portada se trasladó a uno de los almacenes municipales de la Villa en la calle de Santa Engracia. 
La escalera de la institución se trasladó a la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas en la plaza de la Villa. 
Parte del solar fue ocupado por el Teatro de La Latina y edificios de viviendas anexos. 
Fue el arquitecto Rafael Manzano Martos a medados del siglo XX quien sugiere salvar los restos de la fachada y ubicarlos en la recién creado Museo Nacional de Arquitectura, ubicado en la Escuela Superior de Arquitectura de la Ciudad Universitaria de Madrid. 
En 1958 fue Fernando Chueca Goitia quien le dió cuerpo con un paramento simulado de ladrillos.
Ahora, la casa que tiene su entrada por la Calle Toledo recuerda en su portada la anterior del Hospital.


Portada que podemos ver en su estructura formal en el Castillo de la Mota de Medina del Campo, Vallodolid. 






lunes, 12 de diciembre de 2011

La Cava Baja y la Cava Alta de Madrid.


Ambas Cavas corresponden a los fosos que rodearon la muralla cristiana.

Su trazado se corresponde con el trazado de esta muralla. 

La Cava Baja fue un foso de agua que servía para defender la muralla cristiana. La cava se llenó de agua procedente de la cercana laguna que estaba en Puerta Cerrada. En el siglo XV la Cava se deseca y se empiezan a construir casas adosadas a la muralla. Fue en este momento cuando tomó el nombre de Cava de San Francisco, porque conducía a la actual Basílica de San Francisco el Grande. Las casas fueron cubriendo la muralla quedando prácticamente emparedada. Hoy se pueden ver restos de la misma en los números 10, 21 y 30 de la Cava Baja.

La Cava Alta nunca fue un foso. Debe su nombre a su posición más elevada con respecto a la Cava Baja. En su origen, en la calle de Toledo, había una plazuela cuyo nombre era el de Berenjena, por el huerto que había en la casa de los Ramírez de Madrid. Después pasó a formar parte del recinto del hospital de La Latina.

La plazuela de la Berenjena estaba en la calle de Toledo, frente a la desembocadura de la Cava Alta. Se llamó así debido al berenjenal que existía en una casa cercana a este lugar propiedad de Francisco Ramírez y Beatriz Galindo, y que más tarde se convirtió en huerto del hospital de La Latina. Esta plaza, junto con las de Antón Martín, Campillo de Manuela, San Millán y Gato, no existía en el callejero oficial ni tenía numeración propia, pero era conocida popularmente con este nombre. A partir de 1835 quedó comprendida en la calle de Toledo.


Francisco Ramírez de Oreña, el Artillero, señor de Bornos en Jaen, esposo de Beatriz Galindo y secretario de los Reyes Católicos. Esta casa incorporó el señorío deRivas, luego ducado, y el condado de Bornos.

Francisco Ramírez dotó a su hijo segundo, Nuflo, con un mayorazgo que tenía casas también  en  la plaza del Conde de Miranda, en cuyo solar se edificó en 1607 el convento del Corpus Christi, Las Carboneras.

 La segunda casa de este apellido fue la fundada hacia 1300 por Diego Ramírez, y poseía el señorío del Castillejo, Villarrubia, Acebrón y Solera, en Cuenca.



Foto tomada del trabajo Madrid siglos XIX y XX,
realizado por los alumnos de la asignatura Historia de Madrid en la edad contemporánea.
Facultad de Geografía e Historia de la Universidad Complutense de Madrid, curso 1998-1999,

La Plaza de los Carros de Madrid.





Desde la plaza de la Paja por la costanilla de San Andrés llegamos a la plaza de los Carros. 


Era el lugar de parada de carros de los que se dedicaban al transporte de mercancías debido a la cercanía a la plaza de la Cebada. 


Junto a ella está la plaza de san Andrés, presidida por la parroquia de San Andrés, construida en el lugar donde se sitúa la mezquita principal del Madrid árabe.


Estos lugares  fueron los de San Isidro que fue  feligrés de San Andrés y estuvo enterrado en un principio en ella, en la capilla de San Isidro.


Junto a la parroquia de San Andrés la capilla del Obispo.

viernes, 25 de noviembre de 2011

La Plaza de la Paja de Madrid.

El Barrio de La Latina está delimitado al norte por la calle Segovia, el oeste por la calle Bailén, al este por la calle Toledo y por el sur por  la plaza de la Cebada y la Carrera de San Francisco desde donde se puede contemplar la hermosa Iglesia de San Francisco el Grande inaugurada en 1784 por Carlos III. 


Se corresponde con el espacio que configuró el primer recinto urbano de Madrid en la época Medieval que estuvo rodeado por una muralla de la que todavía hoy quedan vestigios. 


Esta amuralla es herencia de la época musulmana. 


Los condicionamientos geográficos hicieron que Madrid fuese un lugar elegido por los árabes como fortaleza avanzada para la defensa de todo el valle del Tajo y de Toledo. En la muralla había una serie de puertas que daban a los caminos más importantes, con el tiempo estos caminos se irían convirtiendo en las calles que vertebraran la ciudad. 


Según Mesonero Romanos, el recinto amurallado en tiempos de Alfonso VI sería el siguiente;  Arrancando por detrás del Alcázar seguía recto hasta la Puerta de la Vega (hoy calle Mayor/calle Bailén) continuando por la calle Bailen y descendiendo a las huertas de Lozacho (hoy calle Segovia), remontaba hasta las Vistillas para meterse por la calle de los Mancebos y saliendo a San Andrés, antigua fortaleza menor, seguía a Puerta de Moros, desde allí tocando en los límites de la Cava Baja y calle del Almendro llegaba a Puerta Cerrada, subía por la Cava de San Miguel hasta la calle Mayor, llamada durante mucho tiempo de las Platerías; en linea recta iba por la calle Milaneses, continuando por las calles del Espejo y la Escalinata a los Caños del Peral torciendo por último hacia el Alcázar.

La unión de la zona del Palacio Real con Las Vistillas salvando la gran vaguada de la calle de Segovia. se consegue con la construcción de un viaducto, el primero data de 1874 construido con hierro. Sin embargo fueron importantes las reformas que se tuvieron que acometerse en 1921 y 1927, aunque a pesar de ello se decidió la construcción de uno nuevo que se inició en 1934 y se concluyó en 1942.

La plaza de la Paja recibe su nombre de la costumbre  que se tiene desde el siglo XV de vender la paja que se daba al capellán y cabildo de la capilla del Obispo para mantenimiento de la mula que los citados capellanes utilizaban para pasear. 


En el siglo XIII era el lugar de mercado y centro de la villa, hasta que Juan II mandó construir la Plaza del Arrabal, que luego se transformó en la Plaza Mayor. 


La plaza de la Paja esta presidida por la capilla del Obispo que fue ideada para albergar el cuerpo de San Isidro aunque al final no se utilizó para tal fin. 


En los alrededores de esta plaza estaba las casas-palacios de los Lasso de Castilla, de los duques del Infantado,  de los marqueses de Villafranca del Bierzo y de los condes-duques de Benavente.



Pedro Caro y Salas, IV marqués de la Romana. Casa en 1826 con
Tomasa Álvarez de Toledo y Portocarrero, XIV duquesa de Montalto, hija de Francisco de Borja Álvarez de Toledo y Gonzaga, XVI duque de la Casa Ducal de Medina Sidonia, y de Tomasa Josefa Palafox y Portocarrero, hija de Felipe Antonio de Palafox y Croy d'Havré y Centurión, hijo de los VI marqueses de Ariza, y de María Francisca de Sales Portocarrero y López de Zúñiga, VIIcondesa de Montijo.

Padres de Pedro Caro y Álvarez de Toledo, V marqués de la Romana. Padres los IV marqueses de la Romana tambien de Rosalía Caro y Álvarez de Toledo que casa con su primo hermano en 1846 con José Joaquín Álvarez de Toledo y Silva, primo-hermano, XVIII duque de la Casa Ducal de Medina Sidonia, con sucesión en Medina Sidonia, y de Carlos Caro y Álvarez de Toledo, conde de Caltavuturo, que casa en 1857 con su prima Encarnación Caro y Gumucio, hija de Ventura Caro y Caro, bisnieto de los I marqueses de la Romana, y de Carmen de Gumucio Barrientos. Padres igualmente de Carmen Caro y Caro, que casa con Carlos Rúspoli y Álvarez de Toledo, III duque de la Alcudia, III duque de Sueca, XVII conde de Chinchón, asesinado en Madrid en 1936. Con sucesión en los duques de Alcudia, y de Rosario, Rosalía, Caro y Caro, que casa en 1893 con su primo Joaquín Álvarez de Toledo y Caro Pérez de Guzmán el Bueno, XIX duque de la Casa Ducal de Medina Sidonia, con sucesión en Medina Sidonia.

Su titular es Leoncio Alonso González de Gregorio y Álvarez de Toledo, XVIII marqués de Villafranca. Su hermana María del Pilar Leticia González de Gregorio y Álvarez de Toledo ostenta actualmente el ducado de Fernandina.





Durante el siglo XIX se sustituyeron por edificios de viviendas para las clases populares con la finalidad de obtener rentas, forma de inversión de las clases mas acomodadas. 


Hoy en día sólo queda el antiguo palacio de los Vargas como prolongación de la capilla del Obispo.

La Plaza de la Cebada de Madrid.







Plaza de la Cebada. Vemos el hospital de la latina marcado con el número LX. El descampado de la Plaza corresponde al Mercado. A la izquierda del descampado situamos el humilladero de San Francisco, luego de Nuestra Señora de Gracia y luego, iglesia.






La Plaza de la Cebada con la iglesia de San Millán. A la izquierda el hospital de La Latina en su esquina con la calle Toledo.






Antes y ahora. Hospital de La Latina y teatro de La latina. En la cera de enfrente el mercado de la Cebada y el ya derruido polideportivo.


La Plaza de la Cebada y  la Plaza Mayor surgen en el siglo XV en los extramuros de la Puerta de Moros de la muralla de Madrid.


En la Plaza de la Cebada estaba uno de los mercados madrileños para la venta de cereales, legumbres y tocino. 


Su nombre se debe a que aquí se separaba la cebada destinada a los caballos del rey de la de los regimientos de caballería. 


El grano lo traían a vender a esta Plaza los labradores de los alrededores de Madrid. 


En el siglo XVII se instalan las ferias de Madrid y en el siglo XIX pasaron a celebrarse las ejecuciones, en 1824 fue ahorcado el general Riego y en 1837 recibe garrote vil el bandolero Luis Candelas. 



Luis Candelas Cajigal nace en Madrid en 1804 y fue también en la Villa ejecutado el  6 de noviembre de 1837. Nacido  fue un bandolero español nacido en el barrio de Lavapiés. Acusado de más de 40 robos constatados, fue juzgado el 2 de noviembre, siendo condenado a morir por garrote vil.

Ramón Mesonero Romanos  en su libro El antiguo Madrid. Paseos histórico-anecdóticos por las calles y casas de esta villa de 1860, no cuenta de esta plaza:

La plazuela de la Cebada, formada en los principios del siglo XVI en tierras pertenecientes a la encomienda de Moratalaz, de la orden de Calatrava, según se ve por escritura otorgada en 1536 por Rodrigo de Coalla, del consejo de Hacienda y del de Castilla (por quien aparece firmado el perdón que el Emperador dio a los comuneros) y por su mujer, que compraron un quiñón de tierras en dicho sitio, es un descampado irregular, más bien que una plaza pública, y desde su principio estuvo dedicada al comercio de granos, de tocino y de legumbres. En el siglo pasado fue también muy famosa por celebrarse en ella las famosas Ferias de Madrid, y el paseo y bullicio consiguiente, de que aún hemos podido ser testigos en algunos años del presente, en que se han continuado en ella; pero a fines del siglo último adquirió esta plazuela más funesta celebridad por haberse trasladado a la misma las ejecuciones de las sentencias de muerte en horca o garrote; a cuyo efecto se levantaba la víspera en el centro de ella el funesto patíbulo, y las campanas de las próximas iglesias de San Millán y Nuestra Señora de Gracia eran las encargadas de transmitir con su lúgubre clamor a toda la población de Madrid el instante supremo de los reos desdichados. Muchos grandes criminales expiaron en aquel sitio una serie de delitos comunes, y cuando, en este siglo, principalmente, se inventó la nueva clasificación de delitos políticos, muchas víctimas del encono de los partidos o de la venganza del poder regaron con su sangre aquel funesto recinto; 1822, 1823 y 1830 son fechas muy marcadas en aquella plazuela.


En esta Plaza se situaba el mercado de la Cebada. La venta se realizaba al aire libre en cajones al por mayor. 
Los labradores de las afueras traían su grano entrando por la Puerta de Toledo. 

En la cerca de Madrid ampliada por Felipe II en 1566 existía ya una puerta de acceso denominada de San Francisco por su cercanía al convento de Franciscanos; San Francisco el Grande, ahora. Luego se llama de La Latina por estar ubicada junto al hospital de la Latina fundado a comienzos del siglo XVI.  En 1625, al construirse la cerca de Felipe IV, se levantó una segunda puerta en la calle de Toledo. Se encontraba situada un poco mas al sur  en la confluencia de las calles de Toledo con las de La Sierpe, Santa Ana y Calatrava, cerca de la Casas-Matadero. Por ella entraban las reses dedicadas al sacrificio y destinadas finalmente al abasto de carne ubicado en el cerro de El Rastro. En los aledaños de la Puerta se instalaron industrias de curtido de pieles y marroquinería. Aparece representada en el plano de Texeira junto a dos fuentes.



Las casas matadero en el Cerrillo del Rastro. El reguero de la sangre de los animales sacrificados que descendía desde el alto del cerro del Rastro da lugar descendía por la pendiente, actual calle Ribera de Curtidores donde se celebra el mercadillo de El Rastro, los domingos por la mañana.

En 1837 con la desamortización de Mendizabal y su renovación urbanística el caserio circundante a la Plaza de la Cebada fue reformado hasta que en 1875 se inaguró un mercado de hierro.

Ni el mercado propiedad del ayuntamiento de la Cebada ni el de los Mostenses reunía las condiciones necesarias para la conservación de los géneros. Las carnes sobrantes se sacaban por las noches a sitios frescos para evitar su putrefacción. 


Junto al mercado estaba la iglesia de Nuestra Señora de Gracia o de la Vera Cruz. Fue derribada en 1903 y con su solar en el comienzo de los años cincuenta fue ampliado el mercado. Este nuevo proyecto produjo el derribo del antiguo edificio de hierro siendo sustituido por uno de hormigón.


El Humilladero de Nuestra Señora de Gracia también llamado de San Francisco. Fue fundado por la cofradía de la Santa Vera Cruz hacia 1500, a la salida de la Puerta de Moros, en el camino que llevaba al monasterio de San Francisco. Sobre el humilladero se levanta la Iglesia. Hacia 1540 se labró una imagen de la Virgen que se denominó Santa María de Gracia siendo colocada en el altar mayor de donde tomó nombre la iglesia. A finales del siglo XVII el templo fue reedificado. Fue derribada en 1903. Estaba junto al mercado de la Plaza en su esquina con la Carrera de San Francisco y su solar .



Plano de Mancelli. 1620

Podemos encontrar que en esta Plaza estaba el cementerio arabe de Huesa del Raf; cercano a la Puerta de Moros que daba acceso al  barrio de la morería. Se sitúa en cementerio musulmana en las inmediaciones de la Plaza de Isabel II. También que en la Plaza de la Cebada estaba el Almud de piedra donde los labriegos depositaban la limosna para Nuestra Señora de la Almudena.
Dice Leon Pinelo que en Junio de 1622, con motivo de las fiestas de Madrid por la canonizacion de San Isidro, “en la plaza de la Cebada se planto un jardín o huerta de 200 pies de largo y 20 menos de ancho…”

La iglesia de San Millán fue demolida en 1869.


En 1870 empezó la construcción del Mercado de la Plaza de la Cebada, entonces llamada de Riego. Bajo la dirección del arquitecto Mariano Calvo Pereira, siguiendo el modelo del de Les Halles en París. Construido con modernas estructuras de hierro y cristal. Era un edificio de planta irregular, de dos pisos y una superficie de 6.323 metros cuadrados. Fue inaugurado por el Rey Alfonso XII el 11 de junio de 1875.



En 1956, el entonces Concejal de Urbanismo, Juaquin Campos Pareja, decidio derribar el mercado modernista de hierro por problemas de seguridad.


El nuevo mercado fue inaugurado en 1962. Junto a él en 1968 se construyo el ya derribado en parte desde 2008 polideportivo de La Latina.

Plaza de la Cebada. Frente a frente lo que fue el Hospital de la Latina, a la derecha, y el mercado y el polideportivo, a la izquierda.


En 2003 el Ayuntamiento de Madrid comenzó a pensar en un proyecto de remodelación urbanística central de la Plaza de la Cebada, que incluía el Mercado de la Cebada. Se convoco un concurso de ideas resuelto en 2007. El proyecto ganador propuso la demolición del actual mercado y la construcción de uno nuevo en el espacio que ocupaba el polideportivo. A su vez, la plaza seria profundamente transformada para convertirse en un espacio peatonal. La remodelación del mercado incluía dos plantas de mercado mas una superior para uso terciario, ademas de la construcción de cuatro plantas mas bajo nivel que ampliaría el actual parking. Sin embargo las obras se han ido retrasando. 
El  Jueves 25 del 11 de 2011 la junta de Gobierno del Ayuntamiento de Madrid ha aprobado hoy una modificación urbanística para desbloquear la remodelación del mercado de la Cebada que lleva paralizada cuatro años paralizado. Se levantará una zona comercial, un nuevo polideportivo y un aparcamiento.